Compostaje, del residuo al recurso
04/16/2026
Abril 2026: la ley de desperdicio alimentario ya es obligatoria
Noemí González Eguizábal
Ayuda a empresas tanto a nivel estratégico (planes de marketing, sostenibilidad y comunicación), como a nivel ejecutivo, (diseñando y desarrollando acciones y eventos sostenibles, la creación de contenidos). Siempre con una perspectiva sostenible y de género.

Desde abril de 2026, la ley de desperdicio alimentario es de obligatorio cumplimento para muchas empresas: aquellas que sean agentes dentro de la cadena alimentaria.

Esto es, si la empresa en la que trabajas genera residuos orgánicos — ya sea porque se dedique a la restauración o porque tenga un comedor de empresa — tiene que ocuparse de ellos.

Ahora ya no basta con “hacer algo”.
Hay que gestionar, justificar y poder explicar qué ocurre con esos residuos.

¿Qué cambia en abril de 2026?

La ley fue aprobada en abril de 2025, pero incluía un periodo de adaptación de un año y , ese periodo ha terminado.

Esto implica que:

  • Las obligaciones pasan a ser exigibles
  • Se pueden aplicar sanciones
  • Las empresas deben demostrar cómo gestionan sus residuos

¿Qué deben hacer ahora las empresas?

Para estar en línea con la ley las empresas deben:

1. Tener un plan de prevención del desperdicio alimentario

Un documento donde se definan las acciones que se van a llevar a cabo para reducir el desperdicio aplicando la jerarquía de prioridades.

Para ello, es necesario analizar la situación actual:
cuántos alimentos se desperdician y cómo se puede reducir ese desperdicio.

2. Aplicar una jerarquía de prioridades

La jerarquía establece un orden de prioridades, y las acciones deben ir en esa línea.

  1. Prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario – Evitar todo el desperdicio posible, es decir, optimizar tanto las compras como el cocinado.
  2. Para aquellos excedentes cuya generación no se haya logrado prevenir se seguirá el siguiente orden de prioridad:

    1º. Se procederá a la donación de alimentos y otros tipos de redistribución para consumo humano.

    2º. Se dedicarán a la alimentación animal y a la fabricación de piensos

    3º. Se emplearán como subproductos en otra industria.

  3. Y solo al final: la gestión como residuo. Preferiblemente apostar por el compostaje y de no ser posible valorizarlo energéticamente.

3. Gestionar correctamente el residuo orgánico

Cuando el residuo ya no puede aprovecharse, debe tratarse adecuadamente.

En el caso de la fracción orgánica, lo más coherente es favorecer que se convierta en compost, que es su proceso natural.

Porque el reto no es eliminar completamente el residuo, sino gestionar bien lo que es inevitable.

4. Poder demostrarlo (trazabilidad)

No basta con decir que se recicla. Hay que poder explicar qué ocurre con esos residuos y qué resultado tienen.

En la práctica, muchas empresas se encuentran con lo mismo:
no todo el desperdicio se puede evitar ni donar, y siempre hay una parte que se convierte en residuo.

La pregunta no es si tendrás residuo.
La pregunta es qué haces con él.

¿Cómo hacerlo en la práctica?

En gran parte de España, los ayuntamientos gestionan la fracción orgánica.

Esto permite cumplir con una parte de la normativa.

Pero esto abre algunas preguntas:

  • ¿Sabes qué ocurre con esos residuos?
  • ¿Existe trazabilidad real?
  • ¿Se están convirtiendo en un recurso útil?

Si en tu municipio hay recogida selectiva, tu empresa cumple con una parte importante.

Pero quizá quieras ir un paso más allá: no solo gestionar el residuo, sino aprovecharlo como un recurso con valor.

De residuo a recurso: una visión más circular

Esto implica cambiar la forma de entender el residuo orgánico.

No verlo como algo que “hay que retirar”, sino como algo que puede:

  • volver a la tierra en forma de compost
  • mejorar suelos y espacios verdes
  • formar parte de una estrategia de sostenibilidad más coherente
  • y generar un impacto tangible, no solo declarativo

Desde esta perspectiva, el residuo deja de ser el final del proceso y pasa a ser parte de un ciclo.

Una forma de hacerlo en la práctica puede ser:

  • Recogida adaptada a la operativa de la empresa
  • Transformación en compost de calidad
  • Trazabilidad del proceso
  • Y devolución de ese compost para su uso o donación

No se trata solo de retirar residuos.
Se trata de qué valor puedes generar a partir de ellos.

Cerrando el ciclo: del residuo al recurso… y de vuelta a la empresa o su entorno.

¿Para qué tipo de empresas es relevante?

Este cambio afecta especialmente a:

  • Restaurantes
  • Comedores de empresa
  • Hoteles
  • Empresas con volumen significativo de residuo orgánico

En todos estos casos, gestionar bien el residuo ya no es solo una cuestión ambiental, sino también legal y operativa.

¿Por dónde empezar?

La clave no es complicarse, sino encontrar una solución que:

  • Se adapte a tu operativa
  • Cumpla con la normativa
  • Y aporte valor, más allá de la gestión

No se trata solo de cumplir la ley. Se trata de qué haces con tus residuos orgánicos a partir de ahora

¿Quieres cumplir con la normativa y dar un paso más hacia una gestión más circular?

Si tu empresa genera residuos orgánicos y quieres gestionarlos de forma coherente, con trazabilidad y aprovechamiento real, podemos ayudarte.

Te acompañamos en todo el proceso: desde la recogida del residuo orgánico hasta la transformación en compost y su aprovechamiento.

Cada empresa está en un punto distinto.
La clave es encontrar la forma de gestionarlo que tenga sentido en tu caso.

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